Canción actual

Title

Artist


Christina Rossetti.

Escrito por el 29/02/2020

Christina Rossetti nace el 5 de diciembre de 1830 en Londres, Reino Unido, y fallece el 29 de diciembre de 1894 en Torrington Square, Londres Reino Unido, tuvo dos hermanos y una hermana, siendo ella la más joven de la familia.

Christina Rossetti fue una de las poetas británicas más importantes del siglo XIX; educada en casa por sus padres, Gabriel Rossetti poeta napolitano exiliado en Inglaterra y su madre Frances Polidori. Pasaron difíciles momentos económicos debido a que su padre se encontraba de salud mental y física muy acabada.

En su adolescencia, Christina sufrió una crisis nerviosa que con el tiempo le produjo ataques depresivos. en este tiempo su madre y hermana estuvieron muy relacionadas con el movimiento anglicano; la devoción religiosa tuvo un impacto importante en su vida.

Christina empezó a escribir a los seis años, pero a la edad de treinta y un años publica su primera obra llamada “Goblin Market and Other Poems” en 1862. Esta recopilación de poemas le trajo muchas críticas favorables, el poema de navidad “In The Bleak Midwinter”, llego a ser muy reconocido después de su muerte. Gustav Holst le puso música para convertirlo en un villancico.

Escribió y publico en gran parte se su vida, aunque se dedicó principalmente a la escritura religiosa y a la poesía para niños.

Poemas Cortos.

Cuando esté muerta.
Cuando esté muerta, mi amor,
No cantes tristes canciones para mí,
No plantes rosas en mi cabeza
Ni sombríos cipreses:
Sé la hierba verde sobre mí,
Con rocíos y gotas mójame;
Y si te marchitas, recuerda;
Y si te marchitas, olvida.

Ya no veré las sombras,
No sentiré la lluvia,
No escucharé al ruiseñor
Cantando su dolor:
Y soñando a través del crepúsculo
Que no crece ni desciende,
Felizmente podría recordar,
Y felizmente podría olvidar.

Recuerda.
Recuérdame cuando haya marchado lejos,
muy lejos, hacia la tierra silenciosa;
cuando mi mano ya no puedas sostener,
ni yo, dudando en partir, quiera todavía permanecer.
Recuérdame cuando no haya más lo cotidiano,
donde me revelabas nuestro futuro planeado:
solo recuérdame, bien lo sabes,
cuando sea tarde para los consuelos, las plegarias.
Y aunque debas olvidarme por un momento
para luego recordarme, no lo lamentes:
pues la oscuridad y la corrupción dejan
un vestigio de los pensamientos que tuve:
es mejor que me olvides y sonrías
a que debas recordarme en la tristeza.

Un retrato.
Ella renunció a su belleza en la tierna juventud,
Renunció a la esperanza, a los alegres modales;
Ella veló sus ojos ante la prohibida vanidad,
Y eligió lo más amargo de la verdad.
Dura consigo misma, y hacia los demás con piedad,
Sirvienta de sirvientes, pocas certezas para alabar,
Largas oraciones y ayunos en la eremita, noche y día:
Ella se instruyó sobre visiones y sonidos groseros,
Ya que con pobres debía habitar, con asolados obreros,
Hasta que lo más ínfimo de todo lo hecho
Sea satisfecho: Ella misma renunciando a su ser,
Contando los bienes terrenales con dolor.
Entonces, con la calma de su elección, cargó la cruz
Y odió al mundo por amor a Dios.

Ellos se arrodillaron en angustioso silencio junto a su cama,
No podía llorar; pero en calma allí reposaba.
Todo el dolor la había abandonado, y el último rayo de sol
Brilló a través de ella, tiñendo de rojo las sombrías cortinas.
En su corazón, Ella dijo:
El Cielo se abre; dejo el mundo y marcho lejos,
El Novio me convoca ¿la Novia se rehusará?
Luego, sobre el pecho inclinó su cabeza.
Oh Lirio, gema de inestimable valor,
Oh paloma de paciente mirada y tierna voz,
Oh vid fecunda entre la tierra yerma,
Oh doncella llena de amor y pureza,
Inclina ante tus amigos terrenales la cabeza,
Para elevarte con los santos en el Paraíso.

La belleza es vana.
Mientras las rosas son rojas,
Mientras los lirios son tan blancos,
¿Va una mujer a exaltar sus rasgos
Sólo para brindar placer?
Ella no es tan dulce como la rosa,
El lirio es más altivo y pálido,
Y si ella fuese como el rojo o el blanco
Sería apenas una entre varios.

Si ella enrojece en el verano del amor
O en su invierno se vuelve reseca,
Si ella hace alarde de su belleza
O se oculta detrás de un falso rubor,
Vista ella de blanco o de sedas rojas,
Y se pare torcida o como recta madera,
El tiempo siempre gana la carrera
Que nos oculta bajo una mortaja.

La única certeza.
Vanidad de vanidades, dice el predicador,
Todas las cosas son vanidad.
El ojo y el oído no pueden llenarse
Con imágenes y sonidos.
Como el primer rocío, o el aliento
Pálido y súbito del viento
O la hierba arrancada del monte,
Así también es el hombre,
Flotando entre la esperanza y el miedo:
¡Qué pequeñas son sus alegrías,
Qué diminutas, qué sombrías!
Hasta que todas las cosas terminen
En el lento polvo del olvido.
Hoy es igual que ayer,
Mañana uno de ellos ha de ser;
Y no hay nada nuevo bajo el sol;
Hasta que la antigua carrera del tiempo transcurra
El viejo espino crecerá en su cansado tronco,
Y la mañana será fría, y el crepúsculo gris.


Opiniones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *



Continuar leyendo

Post Siguiente

Añoro


Miniatura
Post Anterior

Bala Negra