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La Manta del Diablo (V)

Escrito por el 02/04/2020

Óscar ya vació a mi abuelo, y mi madre sigue orando, con su libro en la mano, invocando, cantando, no tengo ni puta idea de lo que hace, pero lo hace. Intento ponerme de pie, pues mi padre logró soltar lo suficiente las amarras de mis tobillos. Mi macabro tío avanza en dirección a los restos de mi papá, lo que queda de él al menos. Cuando me da la espalda me pongo de pie de un salto. Huye, me dice mi cerebro, corre y no mires atrás. Corre y mantente con vida. Eso hago, corro. Pero rápido se termina la huida, cuando escucho el disparo y siento como la bala perfora mi pierna derecha. Me desplomo.

– ¿Pah dónde vay, cholito? – Exhala burlescamente mi tío – Usted tiene una cita pendiente mijito, y no puede irse así como así.

Me golpea en el rostro con la cacha de su revólver, y siento como se me remueven los pensamientos y se me aflojan los dientes. Estoy aturdido, consciente, pero incapaz de poner resistencia alguna. Irma, mi alguna vez angelical madre, sigue en su trance, de cara a la Laguna. El agua de la superficie cambia, parece burbujear, como una tetera hirviendo.

– Ya casi, hermano – Exclama Irma – ¡Apúrate!

Óscar me arrastra por la tierra hasta dejarme con los pies dentro de la Laguna. El agua está tibia, no se siente natural. Estoy aletargado, no logro levantarme por más que lo intento. Veo a mi siniestro tío arrastrar el cuerpo de mi padre hasta mi costado, cortarle el cuello y con sus propias manos hacer de cuenco para recibir la sangre que cae a borbotones, para luego lanzármela sobre el cuerpo y la cara. Esto es una completa mierda. El peor trabajo universitario de mi vida. Estoy frito. Cagué.

Mi madre da un paso hacia atrás, ya puedo ver los tentáculos del monstruo comenzando a asomarse desde el agua efervescente. Huele a azufre. Insisto, ¿esto es real? Miro a mi tío de reojo, está con una sonrisa que le cruza de oreja a oreja, prendiendo un cigarrillo y apagando las luces del vehículo. Irma deja de cantar, y me toca el cabello en señal de despedida. Me acaricia, presumo que por última vez.

– Cumple con tu parte hijo, sé valiente – Me dice con una sonrisa. Vieja culiá enferma, ¿¡qué chucha le pasa!?

Cuando regreso mi vista al frente, veo esos ojos… Esos ojos desorbitados y rabiosos. Y siento lo que dijo mi mamá, el hambre en esas pupilas distorsionadas traspasa mi cráneo y se clava en mi columna. El agua está cada vez más caliente. La piel de mis piernas se desgarra mientras esos dos tentáculos avanzan sobre mí y de a poco me jalan al interior de la Laguna. Sus ojos miran directamente a los míos, están sobre mí, casi se tocan nuestros globos oculares. Estoy recagado de miedo. Escucho una voz en mi cabeza, me zumba en los oídos, una voz sin voz.

Eres mío, finalmente – La sintaxis rebota en las paredes de mi cabeza que quiere explotar. 

El cuero existe. Mierda… – Pienso.

Aquí me dicen Cuero, Manta del Diablo y cuanta otra tontería. Pero lo que soy es muy distinto de eso… – La oración retumba dentro de mis orejas – Será un gusto devorar tu carne. Saborear hasta la última gota. No te preocupes, no habrá desperdicio. Con esto se cierra un antiguo círculo. Regocíjate en el espíritu de tu abuelo, quien finalmente cumplió su palabra. Un buen hombre.

Ándate a la mierda bicho culiáo – Pienso, mientras me arrastra a la mitad de la Laguna y me suelta. Veo las estrellas incrustadas en el fondo negro, y los cerros de azúcar rubia a los costados. Esto ya lo vi. ¿Lo viví o lo soñé?

Estoy suspendido en el agua, esperando mi muerte. No siento dolor en la piernas, a pesar de que tengo el peroné y la tibia rota en ambas extremidades, debe ser la calidez del agua, vaya a saber uno. Ya no importa. Mientras estoy aquí, flotando en la Laguna el Perro, a punto de ser despedazado por el Cuero, pienso en la cantidad de historias que escuché y juzgué charlatanerías. En la frase, nunca se termina de conocer a las personas, y vaya que sí. Familia de mierda, al final mi papá terminó siendo el único que valía la pena, al menos un poquito. 

Mientras divago flotando en el caldo de mi muerte, con mis piernas rotas, mi cabeza cortada, y cubierto en la sangre de mi padre y las tripas de mi abuelo, escucho como se desprende la piel de mi espalda, y como esos tentáculos destrozan mis costillas en su avanzada hacia el interior de mi tórax, como buscando mi corazón y mis pulmones. Es surreal. ¿Cuánto más puedo seguir vivo?

De a poco la vista se me comienza a nublar, no sé si son lágrimas mías o la piel asquerosa y hedionda del Trülke que me envuelve, pero da igual, ya todo da igual. ¿Dónde habrá quedado el dibujito que hice? ¿La libreta y los lápices? No tendré el trabajo listo para marzo. Mierda.

Bienvenido, cholito.

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